Todo empieza con mi bisabuelo Don Ernesto Flores que era joyero, relojero y zapatero y sus dos hijas, mi abuela Tere y mi tía abuela Lupita. Tenían un taller de joyería en la Ciudad de México, ahí aprendieron las técnicas como el grabado con buril, la cera perdida, el engastado, soldar y pulir. Al morir Don Ernesto mi abuela siguió con la joyería "Flores y sucesores" que cerró sus puertas 70 años después en el año 2020. Mi tía Lupita abrió su propia joyería en Atlacomulco Edo. de México que hasta hoy sus puertas siguen abiertas "Joyería Monter". Este oficio se convirtió en en herencia junto con sus técnicas y amor, años después, decidí retomarlo y darle mi propia voz.
Nuestra Historia